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DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO: El buen samaritano, patrón de los voluntarios

[Deuteronomio 30,10-14; Colosenses 1,15-20; Lucas 10, 25-37].
Si de verdad quieres ganar la vida eterna, sé voluntario. Si de verdad amas a Dios, sé voluntario, ten un corazón misericordioso como el de Dios. Sé voluntario a tiempo completo, no en tus ratos libres. No es tan difícil ser un voluntario misericordioso, simplemente hay que seguir la máxima de Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Toda agrupación o colectivo que se precie tiene su patrón o patrona. Es curioso, si pensamos en los voluntarios no encontramos ninguno cuya fama sea internacional. Por eso, en este domingo estival, y época de voluntariados internacionales, vamos a proponer al buen samaritano como modelo en el que reflejarse. Una persona que no tiene nombre ni apellidos, solo se le conoce por su origen un tanto denostado. Eso es un hándicap para el postureo social actual, pero debería ser una característica con la que los verdaderos voluntarios se identifiquen, pues su labor, casi siempre, es anónima.

Luis Alfredo, destacando esta acción silenciosa, les dedicó una canción titulada “Héroe anónimo”. Título motivante que choca con la realidad. ¿Por qué cada día cuesta más encontrar héroes anónimos? ¿Por qué cada día hay menos personas que se ofrecen a colaborar desinteresadamente en voluntariados, en Cáritas o en misiones? ¿Será que estamos perdiendo la sensibilidad y la humanidad? ¿O será que la generosidad y el altruismo son valores inútiles que no reportan ningún beneficio personal? ¿O a lo mejor es que el bienestar propio y no salir de la zona de confort no merecen ser sacrificados para ayudar a otros de forma anónima? ¿Vivimos tan independientes que lo que pase al otro ya no es asunto nuestro? ¿Dónde ha quedado la fraternidad? Preguntas y más preguntas que apuntan a que cada vez estamos más lejos de ser los buenos samaritanos del siglo XXI, de ser como Jesús nos dice que debemos ser.

Jesús no nos recomienda hacer alguna vez en nuestra vida algún voluntariado, sino que nos recuerda que en todo momento debemos practicar la misericordia, estar dispuestos a ser samaritanos. Y no de aquel a quien nos apetece ayudar, sino de aquel que realmente necesita nuestra ayuda.

Ser voluntario no es fácil, porque exige tener un corazón misericordioso. La palabra misericordia se forma de dos palabritas bien sencillas: miseria y corazón. Una persona misericordiosa es aquella que tiene un corazón sensible a las miserias humanas. Es una persona que entiende la realidad humana con sus fragilidades, debilidades, luchas y pecados. Es una persona que entiende de las cruces de la vida que hay que cargar, de esas injusticias que se sufren fruto del pecado, y no condena sino que comprende.

Aprender a ser misericordioso tampoco es fácil, porque conlleva compasión y acción. Compasión para ponerse en el lugar del otro y entender lo que está viviendo. Y acción para aliviar su dolor o sufrimiento. Sentir tristeza y ponerse en el lugar del otro no es suficiente. Es necesario dar un paso al frente y buscar una solución.

El buen samaritano, es el prototipo de corazón misericordioso. Iba de vuelta a su casa y se encontró a un hombre con una triple desgracia: robado, apaleado y abandonado. No se entristeció y pasó de largo, sino que se enterneció y movido por su compasión actuó. Curó y cargó con aquella persona, le llevó a la posada y pagó sus gastos.

Ser voluntario no es fácil, porque ayudar al necesitado te cambia los planes. Nadie sabe la hora, ni la necesidad, ni los recursos. Complica la vida. Jesús lo dice bien claro en el Evangelio de hoy. El buen samaritano debe ser el espejo en el que mirarnos. La necesidad de ejercer la misericordia como modo de vida, como respuesta a los fariseos que querían saber cómo ganar la vida eterna.

Si de verdad quieres ganar la vida eterna, sé voluntario. Si de verdad amas a Dios, sé voluntario, ten un corazón misericordioso como el de Dios. Sé voluntario a tiempo completo, no en tus ratos libres. No es tan difícil ser un voluntario misericordioso, simplemente hay que seguir la máxima de Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo. Es decir, en todo momento, trata a los demás como quieres que te traten a ti. Piensa que el otro eres tú y ya verás cómo eres un voluntario compasivo y comprometido sin darte cuenta. No hay mejor cristiano que el que es voluntario las 24 horas. No hay mejor cristiano, ni nadie que ame más a Dios, que el que tiene al buen samaritano como modelo y patrón.

¿Y TÚ QUE OPINAS? 

agustinos